COMUNICADO: POR LA DIGNIDA Y LA JUSTICIA LABORAL EN LA UMSNH

A la Comunidad Universitaria
A la Sociedad Michoacana:

Ante la reciente declaración de huelga en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (#UMSNH), diversos sectores de la comunidad académica y estudiantil han manifestado su postura bajo la premisa de que la universidad pública debe ser, ante todo, un espacio de congruencia ética y justicia social.

Solidaridad Estudiantil: "Sin Igualdad no hay Educación"

Reconocemos y respaldamos las valientes muestras de solidaridad de los alumnos de la UMSNH hacia los trabajadores administrativos miembros del #SUEUM. El estudiantado ha sido claro: no puede haber educación de calidad si no existe igualdad y justicia para quienes sostienen el funcionamiento operativo de nuestras escuelas. La lucha administrativa es también una lección de civismo para los jóvenes, quienes entienden que la dignidad del trabajador es el cimiento de cualquier institución educativa.

El Compromiso de los Profesores frente a la Traición Sindical

Saludamos con respeto la solidaridad de los profesores de las diversas Facultades que han decidido ponerse del lado de la base trabajadora. Es imperativo señalar que este apoyo ocurre a pesar de la postura del actual Secretario General del #SPUM, cuya gestión ha sido señalada como espuria y abiertamente alineada con los intereses de la Patronal. Mientras Silva Orozco intenta dar la espalda a los derechos de los agremiados, la base docente se mantiene firme en la defensa del contrato colectivo de trabajo.

¡Por una Universidad justa, crítica!

"Cuna de héroes, crisol de pensadores"

Sindicato Único de Empleados de la Universidad Michoacana #SUEUM en Lucha
Desde el momento en que se atenta contra el salario de los trabajadores administrativos, se restringe la libre expresión de estudiantes, trabajadores y maestros dentro de la #UMSNH. Además, el uso de prácticas como las amenazas, las mentiras, el autoritarismo y el hostigamiento para acallar voces disidentes no representa una atención real a las causas de la inseguridad en el estado; por el contrario, contribuyen a que la rectora y autoridades universitarias agravarla aún más.

 

 LOS TIEMPOS DE PLOMO Y LA INCONFORMIDAD CONTENIDA

¿Cómo caracterizar y enfrentar la multifacética problemática por la que atraviesa en

los momentos actuales la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo?

                                                                                                             Eduardo Nava Hernández

 

                La comunidad nicolaita tiene ahora una nueva ley orgánica, que fue expedida al vapor por el Congreso de Michoacán, sin cumplir con los procedimientos establecidos para el proceso legislativo, sin apegarse tampoco al mandato del artículo 2°, párrafo tercero, de la Ley General de Educación superior, que obliga a que previamente a la modificación de su marco jurídico se realice una consulta libre e informada a la comunidad universitaria y a los órganos de gobierno competentes de la propia casa de estudios. Como es público, la legislatura michoacana aprobó por consigna esa norma sin contar con un dictamen previo de la Comisión de Educación del Congreso, sino sólo el de la Comisión de Gobernación; y la pretendida consulta a la comunidad organizada por la rectora Yarabí Ávila González no fue sino una simulación en la que sólo pudieron participar, en sesiones en línea y por muy breve tiempo, unas decenas de académicos que registraron ponencias, y casi ningún trabajador administrativo ni estudiante. Ninguna de las proposiciones expresadas en tales foros fue tomada en cuenta para cambiar ni una coma el proyecto original enviado desde las oficinas del gobernador nicolaita Alfredo Ramírez Bedolla.

                El nuevo ordenamiento, con inconmensurable arrogancia, modifica el nombre histórico de la casa de estudios y su lema (surgido éste de un concurso público efectuado hace unos cuatro lustros) al gusto de la actual ocupante de la Rectoría universitaria. Pero además: Mantiene a la antigua Comisión de Rectoría —con el nombre ahora de Comisión Especial para la Elección del Rector o Rectora— como órgano decisorio en la designación del o la representante legal de la universidad; dispone que en esa comisión queden integrados los “ex titulares de la Rectoría que hayan fungido en los últimos tres períodos inmediatos anteriores rectorales”;  agrega dos nuevos requisitos a los ya establecidos para ser rector o rectora de la universidad, como son el contar con el grado de doctor y el “haber desempeñado actividades en la administración universitaria” (fracciones V y VII del artículo 20); da al rector o rectora la facultad de designar a los directores de las unidades académicas profesionales, que tienen voz y voto en el Consejo Universitario; y conserva la atribución del Consejo Universitario de designar, de terna elaborada por el rector o rectora, a los directores de las dependencias académicas, excluyendo la participación directa de la comunidad de cada dependencia académica.

            En suma, un retroceso enorme en materia de democracia, que busca perpetuar a los mismos grupos de poder que ya han venido ocupando la representación legal y los cargos de mayor responsabilidad en la administración central universitaria.

                Esa Ley Orgánica, tramada en las oficinas del Gobernador, el secretario de Gobierno y la misma Rectoría, se encuentra, sin embargo, en litigio en tribunales federales por juicios de amparo abiertos por el SPUM y otros universitarios en lo individual o en grupos. No se agota la esperanza de que se pueda, por esa vía, revertir tan perniciosa disposición, ajena y contraria a la historia, la democracia y las tradiciones de lucha y de avanzada que en otros tiempos caracterizaron a la Universidad Michoacana. Pero no es la ley impuesta el único obstáculo a vencer en la vida de la Casa de Hidalgo. Como en pocos momentos de su historia, ésta enfrenta un cúmulo de adversidades y violaciones a los derechos de los universitarios de toda índole.   A pesar de que el pasado mes de noviembre se inscribió en el artículo 143 de la Constitución del Estado Libre y Soberano de Michoacán de Ocampo la obligación del gobierno estatal de entregar a la universidad, como subsidio, el 4.5% del presupuesto anual de egresos; y de que existe desde enero de 2016 un acuerdo tripartita que obliga al Estado de Michoacán a aportar cantidades crecientes al sostenimiento de la institución hasta igualar las que hace la Federación, los recursos para atender sus funciones sustantivas y de administración resultan insuficientes y mal administrados.

              En este 2025, en virtud de tal disposición constitucional, se incrementó la asignación de recursos a la UM hasta alcanzar 4 mil 452 millones de pesos. Pero éstos, al decir de la rectora Ávila González, no alcanzan para cubrir los adeudos que la institución tiene con sus empleados por la prestación de Ayuda Sindical desde 2019 y 2020, al igual que por Bonos de Despensa desde esos mismos años. Tampoco para el pago de prestaciones como el Pago de Marcha y Seguro de Vida a los beneficiarios de los trabajadores académicos y administrativos fallecidos desde 2018; ni becas a los estudiantes, reembolsos por inscripciones y derechos de titulación, viáticos, anteojos, aparatos ortopédicos y otras prestaciones contractuales impagas desde hace varios años.

               En cambio, la rectora Yarabí sí ha logrado que los recursos obtenidos por subsidios federales y estatales y los ingresos propios alcancen para comprar dos equipos, masculino y femenil, de futbol profesional, a los que suministra salarios, equipamiento, instalaciones, entrenadores, viáticos y todo lo necesario para su desempeño acorde con los requerimientos de la Femexfut. También para proseguir con la construcción —que ya cobró la vida de un trabajador— de su anhelada alberca olímpica en el campus de la universidad, con un costo superior a los 32 millones de pesos, una obra asignada sin licitación pública a una empresa sin experiencia en ese tipo de construcciones fundada hace menos de 10 años en Morelia. Y ahora, hasta para instalar un lago artificial en la Ciudad Universitaria.

             La contracción presupuestal tiene efectos también sobre la comunidad estudiantil e incluso sobre los aspirantes a ingresar a la universidad en los niveles de bachillerato o licenciatura, a quienes se les cobran miles de pesos por la ficha para presentarse al examen de admisión, que no les son devueltos en caso de tener un resultado adverso. A los inscritos se les hacen cobros varios que hacen nugatorio el derecho a la gratuidad establecido tanto en la constitución general de la República como en la particular del Estado de Michoacán. Entre ellos, cuotas por laboratorios, credenciales, certificados médicos, reinscripciones, viajes de prácticas y derechos de titulación.

                En las relaciones laborales se hace a un lado al sindicato titular del contrato colectivo de los trabajadores académicos, el SPUM, como en la reciente “Reunión informativa con los profesores de asignatura B interinos”, a los que se les ofrecieron definitividades, siempre que se porten bien y no participen en protestas. Igual que en la gestión de Raúl Cárdenas se marginaba al SUEUM de las prestaciones, para favorecer al sindicato minoritario, no titular de los derechos colectivos.

          La rectora Ávila se rehúsa a negociar directamente con el secretario general del SUEUM, porque lo considera “corrupto y de mala reputación”, interponiendo así sus valoraciones personales a sus responsabilidades como representante legal de la institución universitaria. Hay rescisiones injustificadas de contrato no resueltas por la Comisión Mixta de Resolución y Conciliación.

             Se impone en la UMSNH un régimen de control y espionaje que haría sonrojar a la Gestapo hitleriana, como el expuesto en al oficio del abogado general del 1 de septiembre del año actual, que solícita a los directores de las dependencias “informar sobre cualquier acto o hecho que llegase a ocurrir en el ámbito universitario, que se traduzcan en faltas de carácter laboral o de índole jurídico en el ámbito de la Legislación Universitaria”, poniendo a discreción de esas autoridades conceptos como el de “falta de probidad”. Se ha castigado a dependencias retirándoles recursos o, directamente, encausando a directores insumisos como a la doctora América Ivonne Zamora Torres, del Ininee, sancionada por medio de un tribunal administrativo externo a la universidad por su desempeño como funcionaria de ésta. Se castiga por hacer crítica, incluso en el ámbito privado, como a la doctora Adriana Pineda, a quien sin justificación se retuvo su sueldo durante cuatro meses. Se ha bloqueado el acceso al sistema de estímulos a los académicos del propio Ininee, una de las dependencias incómodas para la rectora Ávila González.

              En fin, estas y un extenso número de violaciones, amenazas y represalias por las autoridades universitarias han instalado un ambiente opresivo y asfixiante en la institución universitaria. La rectora Yarabí Ávila, para su desconsuelo, ha sido ubicada por el reciente ranking de desempeño de los rectores de las universidades públicas en el lugar 30 de 35 funcionarios con ese cargo, de la empresa CE Research (https://n9.cl/hgvxa), a pesar del gasto que hace en la promoción constante de su imagen en los medios de difusión de la propia universidad y externos a ésta.

                Los años plomizos vividos desde la pandemia de coronavirus, y acentuados por el ambiente de opresión y apagamiento de la conciencia crítica impuestos con la llegada de Ávila González a la rectoría nicolaita, deben llegar a su fin. El movimiento universitario está vivo en la Universidad Autónoma del Estado de México en demanda de mayor subsidio y por una fraudulenta sucesión en la rectoría; en la UNAM por los profesores interinos y de asignatura contra la precarización del trabajo académico, y en demanda de seguridad para la comunidad; en la Universidad Veracruzana contra la prórroga ilegal a la gestión de su rector; en la UAZ por más presupuesto y contra la inseguridad en planteles. La inconformidad existe también subyacente en la Michoacana, y no tardará en emerger contra el despotismo y la descomposición de las relaciones dentro de la comunidad.

Morelia, Michoacán, 5 de octubre de 2025.

 

 

 

 

YARABI

 

Yarabí y la derrota que no entendió



En la política, como en la vida universitaria, hay derrotas que no se miden únicamente por el resultado final de una negociación, sino por el desgaste que dejan, por los costos que exhiben y por la manera en que los protagonistas salen del conflicto. En ese sentido, la huelga en la Universidad Michoacana dejó una conclusión difícil de ocultar: Yarabí Ávila fue la gran perdedora política del episodio.
Lo fue, en primer lugar, porque el solo estallamiento de una huelga representa una derrota para cualquier autoridad universitaria. Una huelga no es un accidente meteorológico ni una fatalidad inevitable: es la consecuencia de una cadena de errores, desatenciones, soberbia y falta de operación política. Cuando la Universidad llegó a la suspensión de actividades, lo que se exhibió no fue la fortaleza de la rectora, sino su incapacidad para anticipar, dialogar y construir acuerdos.
La segunda derrota fue jurídica. Yarabí apostó a una estrategia legal que, lejos de resolver el conflicto, terminó evidenciando sus límites. La pérdida reiterada de amparos mostró que el problema no podía ser contenido desde el escritorio de los abogados ni con lecturas parciales del derecho. Yarabí y su abogado no entendieron que no necesitaban una estrategia de litigio permanente; necesitaban una política laboral seria, inteligente y sensible.
La tercera derrota fue moral y política: terminó aceptando aquello que durante semanas se negó a reconocer. Y ahí aparece la pregunta inevitable: si al final se podía ceder, ¿por qué no hacerlo antes? ¿Por qué llevar a la Universidad al desgaste, a la confrontación y a la parálisis? Ceder después de una huelga para nada que es un triunfo; es la prueba de que se pudo evitar el conflicto y no se quiso, no se supo o no se tuvo la sensibilidad suficiente.
Pero quizá la derrota más profunda fue la pérdida de empatía con la comunidad universitaria. Durante el conflicto no se vio una defensa amplia, espontánea y convencida de la rectora por parte de profesores, estudiantes o trabajadores. Al contrario, las redes sociales y las expresiones universitarias reflejaron distancia, cansancio y un evidente desgaste de su figura. Yarabí conservar el cargo, pero ha perdido el respaldo emocional y político de su comunidad, los únicos que en redes la halagan son sus fucnionarios, bajo la pena de ser despedidos u profesores interinos presionados por los operadores de la rectoria.
A ello debe sumarse el evidente agotamiento de su equipo. Un secretario general desgastado difícilmente puede seguir funcionando como operador político eficaz y más cuando desde dentro hay quienes buscan su cargo. Y un abogado general sin formación laboralista, más cercano a una lógica penal que a una cultura de conciliación, revela mucho del talante del gobierno universitario: más inclinación al control que al acuerdo, más reflejo represivo que voluntad de diálogo.
La Universidad Michoacana no necesita funcionarios que vean el conflicto laboral como una amenaza que debe aplastarse; requiere personas capaces de entender que el derecho del trabajo existe precisamente para evitar que las diferencias terminen convertidas en crisis institucionales. En una comunidad universitaria, gobernar no se reduce a vencer al otro; es escucharlo, procesar sus demandas y construir soluciones.
Pero pese a lo anterior, Yarabí después de la huelga parece no haber entendido la lección. Su retórica combativa, lejos de contribuir a la reconciliación universitaria, parece profundizar las heridas. En lugar de abrir una etapa de diálogo, serenidad y reconstrucción de confianza, su discurso mantiene un tono de confrontación que resulta preocupante, como si la autoridad todavía creyera que los conflictos se resuelven desde la dureza del mensaje y no desde la inteligencia política.
Ese es el mayor riesgo para la Universidad: que la rectora confunda el fin formal de la huelga con la solución real del problema, pues una huelga puede levantarse, pero las causas que la originaron pueden seguir intactas.
Si después del conflicto la autoridad insiste en el mismo tono, en los mismos operadores gastados y en la misma falta de sensibilidad, entonces no está cerrando una crisis, está preparando la siguiente.
Las palabras de una rectora no son simples frases de ocasión; mandan señales, ordenan conductas, generan climas. Si el mensaje que baja desde Rectoría es de combate, revancha o endurecimiento, lo que se produce no es paz institucional, sino tensión acumulada y esa tensión, más tarde o más temprano, vuelve a encontrar salida.
La gran paradoja es que Yarabí habla como si hubiera ganado, cuando los hechos muestran otra cosa. Hubo huelga. Perdió terreno jurídico. Terminó cediendo. No logró sumar a la comunidad. Su equipo quedó cuestionado y ahora, con un discurso poco conciliador, parece caminar hacia la repetición del conflicto.
La Universidad Michoacana requiere otra altura política. Necesita diálogo, no bravata; necesita acuerdos, no amenazas veladas. Necesita sensibilidad, no soberbia. La Casa de Hidalgo no puede gobernarse como si fuera una oficina cerrada ni como si sus trabajadores fueran adversarios internos.
El saldo de la huelga no debe medirse sólo en cláusulas o compromisos firmados, sino en legitimidad y ahí la rectora sale mal librada. Perdió porque no evitó la huelga. Perdió porque litigó mal. Perdió porque cedió tarde. Perdió porque no logró convocar a su comunidad. Y puede volver a perder si no entiende que los problemas universitarios no se resuelven con discursos de combate, sino con diálogo, sensibilidad y acuerdos.
La huelga terminó, sí, pero si la rectora no cambia el tono y no cambia el método, lo que hoy parece cierre puede ser apenas el prólogo de un nuevo estallamiento.
Ahí veces que una autoridad llega al tope de lo que puede ofrecer y en esos casos nunca es malo pensar en un cambio. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

MOY 1

MOY 2

 

MOY 3

 

Fotografías: Moisés Mendoza Campos

 

Por: Alejandro Meza

La resistencia sindical nunca es fácil, mucho menos cuando se enfrenta a un aparato represor, obcecado en pasar la cuenta de los abusos de la corrupción a los trabajadores. La cacería sistemática, operada por Raúl Cárdenas, obedece al mandato del gobierno del estado y sus maniobras oscuras están encaminadas a debilitar a un gremio combativo que no han podido doblegar.

El SUEUM se ha mantenido firme en la postura de no firmar la propuesta de una reforma lesiva al sistema de jubilaciones y pensiones, no por capricho, sino porque aceptar los términos propuestos por las autoridades de manera unilateral, sería condenar a los trabajadores a un futuro de incertidumbre y de miseria.

Raúl Cárdenas, en la entrampada propuesta, pretende que renunciemos a una jubilación dinámica, mediante la conformación de un fondo constituido por cuentas individuales que se agotaría en poco tiempo, deslindando a la institución de cualquier responsabilidad, además de aumentar a 30 años de servicio para poder jubilarse, los cuales deberán combinarse con un mínimo de 50 años de edad biológica. Además se propone que el trabajador se retire con un salario regulador base, es decir, un promedio del salario percibido durante los últimos cinco años de servicio activo.

La negativa de aceptación a tal reforma no es mera necedad, como lo han querido difundir las autoridades; un sindicato inteligente como el SUEUM, no puede firmar un cheque en blanco, que significaría mutilar la Cláusula 73 del Contrato Colectivo de Trabajo y posteriormente la modificación o derogación del Artículo 29 de la Ley Orgánica de la Universidad Michoacana, dejando en estado de indefensión a todos los trabajadores jubilados.

La actitud desesperada de Raúl Cárdenas, ha traspasado los límites de la decencia, convirtiéndolo en promotor del divisionismo en nuestras filas, generando con ello la deserción de algunos afiliados, porque busca fortalecer al STUMICH, un sindicato blanco, dispuesto a entregar en bandeja de plata, no solo las jubilaciones, ni las prestaciones, sino la totalidad del Contrato Colectivo y por consiguiente, la estabilidad laboral de todos los trabajadores.

Vivimos momentos complicados y no podemos caer en las trampas de la rectoría; nuestra dirigencia sindical tiene la inteligencia y los recursos legales para garantizar el pago de todos los adeudos acumulados hasta este momento. Cárdenas Navarro apuesta al terror y la desesperación de nuestro gremio, pero nosotros tenemos la razón y muy pronto estaremos cosechando los resultados positivos de la lucha. No estamos dispuestos a rendirnos.

 

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

¡VIVA ETERNAMENTE EL SUEUM!

A LOS AFILIADOS AL SUEUM.
A LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA.
A LA OPINIÓN PÚBLICA.

Los trabajadores administrativos y de intendencia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo no han recibido, desde el pasado 15 de diciembre, los salarios que les corresponden de la primera y segunda quincenas de ese mes, ni el Aguinaldo, Prima Vacacional y la prestación de Canasta Navideña. Según las autoridades, esta situación obedece a que los recursos de origen federal para pagarlos son condicionados a que los sindicalizados acepten la reforma al sistema de jubilación del que disfrutan desde 1939.
Bajo ninguna circunstancia los salarios devengados pueden ser condicionados a factores externos, que en este caso no tienen nada que ver directamente con el trabajo desempeñado. Como es conocido, el 21 de diciembre de 2018 el entonces rector Medardo Serna firmó con el gobierno estatal y la Subsecretaría de Educación Superior de la SEP un convenio para la obtención de recursos extraordinarios y no programables por 500 millones de pesos, con los cuales pagó sueldos y salarios correspondientes a ese año. Ese acuerdo no fue conocido ni consultado en su momento por los trabajadores universitarios ni por sus representaciones sindicales; sin embargo, una de sus cláusulas, que se refiere al “fortalecimiento” del régimen de jubilaciones y pensiones, quiere ser tomada como motivo de la actual retención de salarios por el rector Raúl Cárdenas Navarro, la cual es desde todos los puntos de vista ilegal.
“Es penoso, lamentable, que haya empleados que necesiten los recursos y nosotros estemos imposibilitados de hacérselos llegar, porque las cláusulas del convenio nos lo impiden”, afirmó el rector el 7 de enero. Miente a los universitarios y a la sociedad, cuando el referido Convenio de Apoyo Financiero de Recursos Públicos Federales Extraordinarios no Regularizables de 2018 no establece en ninguno de sus puntos el condicionamiento al pago de salarios. Éste ni siquiera es específico en cuanto al tipo de “fortalecimiento” que se requiere para el sistema pensionario de la universidad.
Y miente también cuando afirma que los recursos financieros de la institución universitaria se han agotado, y al mismo tiempo, paga quincenas, prima vacacional y una fracción del aguinaldo a los afiliados y a quienes se afilien al Sindicato de Trabajadores de la Universidad Michoacana, Stumich, que se identifica abiertamente como un agrupamiento de filiación patronal. Se trata, evidentemente, de un manejo político del gasto corriente de la universidad para forzar la claudicación de los trabajadores en un punto que, si es el caso, tendría que ser objeto de negociación en la revisión de los contratos colectivos, la cual aún no inicia. Nada justifica la retención de salarios en la que está incurriendo el doctor Cárdenas Navarro con fines aviesos.
Por lo que toca al SPUM, se han hecho también pagos parciales, según el Rector y el Comité Ejecutivo General, con fundamento en un convenio depositado el mes de diciembre ante la Junta Especial de Conciliación y Arbitraje número 5, en el cual el sector académico de la universidad estaría aceptando la reforma al derecho a la jubilación. El contenido concreto de ese documento es hasta hoy desconocido por las bases del sindicato. También ignoramos cuál fue el proyecto que el comité encabezado por Jorge Luis Ávila Rojas presentó ante ese órgano para la revisión del contrato colectivo de trabajo y, en particular, cómo quedaría la redacción de la cláusula 132 referida a la jubilación. Como se sabe, el XXXVII Congreso General de Representantes, convocado para el pasado octubre, no se instaló legalmente y de él no surgió, por tanto, el proyecto de contrato que deberá ser negociado el próximo 16 de febrero. Sólo con procedimientos ilegales y retorcidos que configuran una evidente extralimitación de funciones Ávila Rojas ha podido presentar documentos que política, pero no legalmente, darían pie a la modificación de nuestro derecho a la jubilación.
Exigimos que los salarios y prestaciones que hoy son tomados como objeto de chantaje por las autoridades universitarias sean pagados en su totalidad y de manera inmediata a los trabajadores afiliados al SUEUM, y también los adeudos que se tienen con los académicos. Que el rector Raúl Cárdenas Navarro deje de intervenir, como lo hace con descaro y cinismo, en las organizaciones gremiales de la institución.

 

¡Respeto a los contratos colectivos de trabajo!
¡No a la reforma a jubilaciones y pensiones!
¡Basta de secuestrar las percepciones devengadas de los trabajadores administrativos y académicos de la Universidad Michoacana!

Morelia, Michoacán, 10 de enero de 2020.
Movimiento por la Legalidad, Democracia y Transparencia en el SPUM